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miércoles, 24 de junio de 2009

EL OBJETIVO FINAL DE LOS ILLUMINATI

El fundador de los llluminati tuvo claro desde el primer momento para qué debía servir su sociedad secreta. En primer lugar, la protegió del exterior. Para., ello la cerró a los curiosos, y decidió que la única forma de entrar en ella fuera a través de contactos muy estrechos y de confianza. Sólo los más influyentes podían acceder a la Orden. Su jerarquía era extremadamente rígida y la autoridad quedaba reservada exclusivamente al superior, es decir, a Weishaupt.
El proyecto final de salvación del mundo proponía cinco objetivos esenciales:

• Fin de los gobiernos: Pretendía erradicar y abolir las monarquías o cualquier otra forma de gobierno que no se ajustase a sus preceptos. Para ello, los miembros de la secta, valiéndose de su poder económico, social y político, tendrían la misión de generar cuantos conflictos fueran necesarios. Sólo cabía un gobierno: el de ellos.• Fin de las propiedades: La meta era conseguir que el poder económico residiera en los miembros de la hermandad y en aquellas redes que ésta hubiera tejido. La propiedad privada y los derechos sucesorios significaban, pues, un peligro. Los miembros ¡llurninati se encargarían de estar en los puestos de control donde se mane jara el poder económico.• Fin del concepto de nación: Era preciso erradicar la multiplicidad de nacionalidades. Era mejor un gran imperio, una gran patria, que no muchas y difíciles de controlar. Era preciso velar por eliminar el concepto de patriotismo y de nacionalismo. El objetivo era buscar un nuevo orden mundial. La historia nos recuerda que también Julio César, como Bonaparte y Hitler, buscaron un imperio único.

• Fin de la familia: Los Illuminati no creían en el matrimonio ni en el concepto cristiano de familia ni en los sistemas educativos. En parte es lógico, ya que todo ello venía marcado por los preceptos religiosos. El objetivo era hablar de familias libres, donde el amor o el deseo de unión entre dos personas debía prevalecer por encima del vínculo sacramental marcado por la iglesia. En cuanto a la educación, debía quedar reservada a sistemas comunales donde los educadores habrían sido previamente formados por miembros de la Orden.

• Fin do las religiones: Las creencias religiosas y espirituales estaban consideradas como una forma de distracción, a la vez que como un peligroso vínculo con el poder del enemigo. Erradicar las religiones significaba conseguir que solamente las ideas de la sociedad secreta pudieran servir como esperanza y consuelo en la vida.
ORIGEN DE LA MASONERIA


La francmasonería o masonería
Es una institución de carácter iniciático, filantrópico, filosófico y progresista, fundada en el sentimiento de fraternidad, igualdad y libertad. Tiene como objetivo la búsqueda de la verdad y fomenta el desarrollo intelectual y moral del ser humano, además del progreso social. Los masones, tanto hombres como mujeres, se organizan en estructuras de base denominadas logias, que a su vez pueden estar agrupadas en una organización de ámbito superior normalmente denominada "Gran Logia", "Gran Oriente" o "Gran Priorato".
Es filosófica porque orienta al hombre hacia la investigación racional de las leyes de la naturaleza, invita al esfuerzo del pensamiento que va desde la simbólica representación geométrica hacia la abstracción metafísica.
Es filantrópica porque practica el altruismo, desea el bienestar de todos los seres humanos y no está inspirada en la búsqueda de lucros personales de ninguna clase. Sus esfuerzos y recursos están dedicados al progreso y felicidad de la especie humana, sin distinción de nacionalidad, raza, sexo ni religión, para lo cual tiende a la elevación de los espíritus y a la tranquilidad de las conciencias.
Es progresista Es progresista porque enseña y practica la solidaridad humana y la absoluta libertad de pensamiento. La Masonería tiene por objeto la búsqueda de la verdad desechando el fanatismo abordando sin prejuicios todos los nuevos aportes de la invención humana, estudia la moral universal y cultiva las ciencias y las artes y no pone obstáculo alguno en la investigación de la verdad.
(fuente: Logia José Artigas)

Los masones: ("constructores de piedra") Este movimiento es considerado como la orden fraternal más grande que alcanzó niveles mundiales. En un primer momento, las cofradías masónicas se limitaban a los trabajadores. No obstante, en el contexto de la reforma, sobre todo en Inglaterra, estas fraternidades comenzaron a aceptar hombres provenientes de sectores altos de la sociedad. De esta manera, las cofradías se convirtieron en sociedades dedicadas a ideas generales, como la fraternidad, la igualdad y la paz. Sus reuniones eran citas sociales, núcleos de sociabilidad. 1717 dio lugar a la Gran Logia para Londres y Westminster, producto de la unión de cuatro cofradías, situadas en la capital inglesa. Seis años más tarde tomaría el nombre de Gran Logia de Inglaterra. Esta logia se convirtió en la precursora de todas las uniones masónicas, y de ella surgieron todas las otras logias reconocidas. En 1725 se fundó la Gran Logia de Toda Inglaterra, en York, la de Irlanda se creó en junio del mismo año, y la de Escocia en 1726.
Los sectores dedicados al comercio en Inglaterra consideraron a la masonería libre un medio de promoción social. De esta manera, los ideales masónicos de tolerancia religiosa e igualdad iban en consonancia con el espíritu del liberalismo emergente durante el siglo XVIII. Es más, una de las reglas básicas de las órdenes masónicas del mundo angloparlante ha sido considerar a la religión como un asunto personal de cada individuo.
En Estados Unidos, las primeras logias fundadas bajo la autoridad de la Gran Logia de Inglaterra, fueron la Primera Logia de Boston y la de Filadelfia, establecidas ambas en 1733. Antes de la guerra de la Independencia (1775), ya había unas 150 logias; en la actualidad, los estadounidenses representan el 75 por ciento del total de masones del mundo, unos 4,5 millones de personas.
Los ritos masónicos

las prácticas masónicas actualmente más usadas son el Rito de York y el Rito Escocés. En cuanto al primero, data del siglo XVIII, adquiere en su primera fase el nombre de Capitular, los miembros correspondientes a este nivel son los masones del Arco Real (4 grados). En su segunda fase recibe el nombre de Críptica, y sus miembros son los masones Reales y Selectos (3 grados); en su fase final Caballeresca, concede a los miembros el título de Caballeros Templarios (3 grados). Por su parte, el Rito Escocés se originó en Charleston (Carolina del Sur), en 1801 y contempla 33 grados.
Origen de los tres primeros grados: La gran mayoría de los masones libres del mundo no progresan más allá de los primeros tres grados, basados en la leyenda de la muerte de Hiram Abif, conocido como el arquitecto del templo de Salomón.
Según una versión de esta leyenda, Abif (imagen) era el único conocedor de los secretos de los maestros masones, entre los cuales se hallaba la palabra secreta masónica, es decir, el nombre oculto de Dios. La tradición ocultista nos, dice que saber el nombre de una deidad equivale a poseer su poder. De ahí que se supusiera que Abif manejaba el poder de Yahvé y poseyera muchos otros secretos que, una vez finalizada la construcción del templo, pasarían a los otros artesanos, que se convertirían a su vez en maestros masones.
Cuentan que, llegado el mediodía, el insigne arquitecto tenía la costumbre de ir al Sancta Sanctorum para orar a Yahvé y planificar las obras del día siguiente. Uno de esos días, al terminar sus oraciones, Hiram Abif, se topó con el desagradable final de su historia de modo inesperado. Saliendo por la puerta sur del templo, le flanqueó el paso Jubela, el primero de sus verdugos, que armado con una especie de regla vertical, le conminó a que le revelara sus secretos. Abif no perdió el aplomo ante la clara amenaza de muerte a la que se enfrentaba y contestó que sólo tres personas en el mundo los conocían y sin su consentimiento no podía divulgar ningún secreto. Furioso, Jubela enarboló la regla y asestó un golpe en la cien derecha a su maestro, que dobló la rodilla por el impacto, aunque pudo alcanzar la puerta occidental donde, desafortunadamente, no fue ayuda lo que encontró. Allí estaba Jubelo, otro de sus aprendices, que también le propinó un golpe, en este caso en la sien izquierda, haciéndolo doblar la rodilla del mismo lado. Arrastrándose y perdiendo grandes cantidades de sangre, Abif llegó a duras penas a la puerta oriental, donde fue rematado por Jubelum, que usó una gran maza de piedra para aplastarle la frente.
No les quedó otra salida a los tres asesinos que ocultar el cuerpo del arquitecto para evitar la ira del rey Salomón y escapar del país para no ser descubiertos. Escondieron provisionalmente el cuerpo de Hiram Abif bajo unos cascotes y al llegar la medianoche, lo trasladaron a la cima de una colina para enterrarlo. La sepultura fue señalizada con una rama de acacia y hecho esto, los criminales intentaron darse a la fuga. No tuvieron éxito porque no consiguieron que ningún barco los sacara del país y tuvieron que guarecerse en los montes.
Mientras tanto, la ausencia de Abif llegó a oídos del rey Salomón que envió a varias personas a buscarle. La gravedad de la situación hizo que la verdad tardara poco en aflorar gracias al testimonio de doce trabajadores del templo que confesaron al rey que ellos y otros tres más (Jubela, Jubelo y Jubelum) habían conspirado para arrancar los secretos masónicos a su maestro.
En el último momento habían dado marcha atrás, pero supusieron que los otros no, dando muerte a su jefe. Agradecido por su honestidad, el rey los envió en grupos de tres para buscar el cuerpo de Hiram Abif.
Tras varias semanas de búsqueda dieron con los restos del arquitecto e informaron a Salomón de su hallazgo. Éste les ordenó levantar el cadáver de la sepultura mediante el «apretón de manos de un aprendiz», correspondiente al primer grado de la masonería. Al fracasar en su intento, el rey les dijo que probaran el «apretón de manos de un artesano compañero», del segundo grado. Tampoco lo consiguieron, y, entonces, el mismo Salomón se presentó en el lugar donde yacía Abif para levantarlo con el «apretón de manos de un maestro masón», o tercer grado. Gracias a ello, no sólo pudo levantarse el cuerpo sino que la vida regresó a él de nuevo. La primera palabra que pronunció en su nuevo estado, fue recogida por los masones y utilizada en sustitución de la perdida con su muerte. Desde entonces ha sido trasmitida de generación en generación hasta la actualidad. Muchos historiadores y escritores masones enmarcan la historia de Hiram Abif dentro del mito, mientras que otros están convencidos de su autenticidad.
Acerca de los tres primeros grados de la masonería, los investigadores británicos Christopher Knight y Robert Lomas dicen en su libro La clave masónica: «El personaje central de la masonería libre es el constructor del templo de Salomón, Hiram Abif, que fue asesinado por tres de sus propios hombres. La muerte estilizada y resurrección del candidato es el hecho que convierte a uno en “maestro masón” y cuando está levantado de su tumba, el lucero de la mañana está en el horizonte».
La logia de los Illuminati:
Varios grupos sin conexión entre sí se han identificado con el nombre illuminati, que en latín significa «alumbrados» o «iluminados». En algunos casos, esta denominación se debía a la posesión de textos gnósticos u otra información oculta no disponible para el público. En el siglo XV, otros grupos afines reivindicaron que la iluminación venía del interior de cada persona como resultado de una conciencia alterada o de un despertar de la conciencia. Los «alumbrados» españoles pertenecían a este último tipo. Las primeras referencias históricas a los «alumbrados» en España se remonta a 1492. Éstos tenían un origen gnóstico, y su filosofía se extendió en la Península gracias a la influencia italiana. Uno de sus primeros líderes, fue una campesina nacida en Salamanca, conocida como la beata de Piedrahita, cuyas pretendidas conversaciones con la Virgen y Jesús llegaron a conocimiento de la Inquisición de 1511, aunque gracias a un protector no tuvo que enfrentarse al todopoderoso organismo. Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, no fue tan afortunado. En 1527, cuando estudiaba en Salamanca, fue llevado ante un comisión eclesiástica acusado de simpatizar con los «alumbrados» consiguiendo eludir el castigo con una amonestación. Otros acusados de Toledo fueron sometidos a latigazos y encarcelamiento en 1529. En los años siguientes, y hasta principios del siglo XVII, muchos otros «alumbrados» fueron perseguidos por la Inquisición, sobre todo en Córdoba.
En su novela Ángeles y demonios, el escritor estadounidense Dan Brown plantea que Galileo era miembro de los Illuminati. Una afirmación sin otra validez que la de aportar intriga a la trama de la novela. Sí que es cierto, por otra parte, que en 1610 fue invitado a formar parte de una sociedad italiana de científicos e investigadores llamada Academia de los Linces (Academia del Lincei), fundada por Federico Cesi en 1603.
El nombre de este grupo procedía de Lynceus, el argonauta de la mitología griega dotado de una perspicaz vista. Junto con Cesi, el matemático Francesco Stelluti, el médico Johannes Eck, de los Países Bajos, y Anastasio de Fillis fueron los primeros miembros de la Academia, y vivían en comunidad en la casa del fundador, donde el anfitrión les proporcionaba libros y equipos de laboratorio. En un documento de 1605, se publicaron los objetivos de la Academia:
no sólo adquirir conocimiento de cosas y sabiduría y vivir juntos legal y píamente, sino también mostrarla a los hombres de una manera pacifica, tanto oralmente como por escrito, sin causar daño.
Tanto el padre de Cesi como los aristócratas romanos estaban en contra de la Academia de los Linces. Acusaron a sus miembros de practicar magia negra, oponerse a la doctrina católica y llevar una vida escandalosa. Eck fue obligado a marcharse de Roma y durante algún tiempo sus miembros estuvieron esparcidos. Sin embargo, Cesi mantuvo la unión de los miembros por correspondencia.
Galileo fue el miembro más famoso y las publicaciones más prestigiosas de la Academia de los Linces fueron las suyas. En primer lugar apareció su «Tratado sobre las manchas solares» (1613) y luego, «El ensayador» (1623). Con la captación de Galileo, el número de miembros del grupo creció hasta 32. La muerte de Cesi, en 1630, precipitó el fin de la Academia.
El Priorato de Sión: Esta sociedad secreta, menos conocida, salió a la luz por el protagonismo que le concedió el mencionado Dan Brown en El código Da Vinci. En este bestséller mundial, se habla del Priorato de Sión como la sociedad que protege uno de los secretos más guardados del cristianismo no ortodoxo: la supervivencia de Jesucristo, su matrimonio con María Magdalena, sus tres hijos y su huida a Francia. El contenido místico de Brown se apoya en buena medida en el libro de investigación de Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln, El enigma sagrado. Estos investigadores realizan una serie de afirmaciones sobre esta sociedad, empezando por decir que su historia comienza con la creación de la orden de los Caballeros Templarios, que fueron su brazo armado. El objetivo principal del Priorato era restaurar la dinastía merovingia, que gobernó el reino de los francos entre 447 y 751, en las monarquías de Europa y en el Reino de Jerusalén. Dicha orden, por lo tanto, protegía a los que consideraba los descendientes auténticos de Jesús y María Magdalena.

También especulan sobre las metas últimas del Priorato de Sión, donde la restauración monárquica adquiriría la forma de un Imperio Sagrado Europeo cuyo objetivo sería preparar el camino hacia un Nuevo Orden Mundial de paz y prosperidad. Para lo cual habría que sustituir la Iglesia católica romana por una religión estatal ecuménica y mesiánica, que contaría con el Santo Grial y las reliquias perdidas del antiguo templo de Herodes. Finalmente, se prepararía y coronaria al rey ungido del Gran Israel.
Ambos libros ofrecen una lista ininterrumpida de los grandes maestros del Priorato de Sión entre los siglos XII y XX, incluyendo a personajes como Leonardo da Vinci, Robert Fludd, Robert Boyle, Isaac Newton y Claude Debussy, entre otros nombres asociados también con otras sociedades secretas como los Rosacruces.
Conclusiones: Ahora bien, este recorrido por algunas sociedades secretas demuestra que las más importantes tenían vínculos estrechos con los primeros nueve templarios y con sus hallazgos bajo los establos del templo de Salomón. Además de encontrar la línea de sangre que unía a los reyes David y Salomón con las familias Rex Deus de Europa, hallaron unos manuscritos secretos, que probablemente fueran llevados hasta Rosslyn por Enrique St. Clair, el primer barón de Rosslyn. También, es posible que encontraran otras reliquias importantes durante sus excavaciones, incluso el Arca de la Alianza y el Santo Grial.
Sin embargo, los templarios a principios del siglo XIV se dispersaron, a causa de su persecución, dejando en ese vacío un amplio lugar para todo tipo de especulaciones. Se piensa que se llevaron sus tesoros, dejándolos en lugares secretos que sólo los iniciados sabrían cómo encontrar.
NUEVO TESTAMENTO DE SATANAS


La elite del dinero
Desde los tiempos de sir Francis Bacon, los políticos se han venido apoyado en las sociedades secretas que proclaman la necesidad de un «nuevo orden» en el mundo. Un orden laico y con derechos y obligaciones iguales para todo el mundo. Por lo que respecta a Bacon, este nuevo mundo lo describe en su libro La nueva Atlántida, donde se describe un país de sabios que basan su orden interno en principios de los Rosacruces. Bacon, que era político, científico y filósofo, fue uno de los hombres más brillantes e influyentes de sus tiempos. En relación con su contribución científica al mundo, opinaba que para aprovechar los recursos de la naturaleza, primero había que observarla y luego, obedecer sus leyes. En otras palabras, abusar de ella con la intención de controlarla abocaría a su destrucción y, por tanto, a la desaparición de sus recursos. Esta misma idea propuso el inventor austriaco Victor Schauberger en los años 30 del siglo XX.
Su visión del mundo era del estilo «enkiano» y adaptó estos conceptos a la filosofía interna de las sociedades secretas que fundó en 1580, el Rosicrosse Literary Society (Sociedad Literaria Rosacruz) y el Lodge of Free and Accepted or Speculative Masons (Logia de Masones libres y Aceptados Libres o Especulativos), las dos con sede en el distrito londinense de Gray’s Inn.
La dinastía Rothschild: Desgraciadamente, no todas las sociedades secretas pueden presumir de perseguir unos fines tan altruistas y, con el correr del tiempo, muchas de la «corrientes» fueron infiltradas por otras sociedades más poderosas cuya meta era usarlas para establecer otro concepto de Nuevo Orden Mundial, sobre la base de la ideología «enliliana». El objetivo era obtener el control de los pueblos privándoles de sus derechos individuales para ser dirigidos por un único líder. En esta línea se produce la infiltración de las logias masónicas por los Illuminati de Baviera en 1789, cuando esta sociedad secreta se hizo con el control de la mayor parte de ellas, no sólo en Europa sino también en Estados Unidos. Recogiendo las palabras de Paul H. Koch en su libro Illuminati:
[...] los masones llevaban mucho tiempo predicando que el sentido último de la existencia humana pasa por e/perfeccionamiento espiritual y personal hasta el punto de que, en algún momento del futuro, el hombre habría evolucionado lo suficiente para no necesitar Estado, ni religión, ni sociedad según los parámetros conocidos, pues todos los hombres serían humanos. Este sistema global llegaría pacíficamente, a partir de una evolución natural.
Los Illuminati ofrecían un atajo para poder llegar supuestamente al mismo fin. En vez de tardar siglos, prometieron realizarlo en muy pocos años. Lógicamente, unas promesas de esta índole no habían sido hechas en balde por el fundador de dicha sociedad secreta, Adam Weishaupt, que contaba con el apoyo económico de uno de los hombres más ricos e influyentes de la época. Se trataba del todopoderoso Meyer Amschel Rothschild (1743-18 12), hijo de Moisés Amschel Bauer, un prestamista y orfebre itinerante de Europa Oriental. Meyer se casó con Gulete Schnaper con quien tuvo cinco hijos varones, Amschel, Solomon, Nathan, Kalman y Jacob y cinco hijas. Adquirió notoriedad cuando el príncipe Guillermo IX de Hesse-Hanau le eligió como banquero personal. Después, cuando el príncipe tuvo que huir a Dinamarca debido a conflictos políticos, dejó 600.000 libras al cuidado del banco Rothschild.
Más tarde, Nathan Rothschild (imagen) llevaría esta suma a Inglaterra para abrir una oficina bancaria. El oro empleado como fianza procedía de la East India Company (Compañía del Este de India). Nathan obtuvo un beneficio del 400 % al prestar billetes de banco al duque de Wellington para financiar sus operaciones militares, acrecentando sus ganancias gracias a la venta ilegal del oro que sirvió como fianza. Esta operación fue el origen de la inmensa fortuna de la familia Rothschild. Después seguirían las operaciones bancarias internacionales ya que cada hijo abría un nuevo banco en países diferentes. Amschel en Berlin, Solomon en Viena, Jacob en París y Kalman, en Nápoles.


El Nuevo Testamento de Satanás
En su testamento, Rothschild dejó instrucciones para gestionar la riqueza de la familia en el futuro. Según el escritor alemán, Jan van Helsing, Meyer A. Rothschild celebró en 1773 una reunión secreta en Frankfurt con doce influyentes patrocinadores judíos para diseñar un plan global que controlara la riqueza total del mundo. Por su parte, para W. G. Carr, este plan se convertiría más tarde en los polémicos «protocolos de los sabios de Sión». Este documento, considerado falso por la mayoría de los analistas, fue mantenido en secreto hasta 1901, cuando cayó en manos de un profesor ruso, S. Nilus, que los publicó con el título «El peligro judío». Ya sea casualidad o algo calculado, los veinticuatro protocolos describen una situación muy parecida a la que estamos viviendo en estos momentos.
El informe de la reunión de 1773 cita, entre otras, las siguientes conclusiones para acceder al control global de la riqueza, siempre conforme con la ideología Illuminati:
• Control de la opinión pública mediante estrategias de confusión dirigidas hacia la población.
• Promover malas costumbres entre la gente hasta que no se entiendan unos a otros.
• Estimular la envidia, el odio, las disputas y las guerras con ayuda de la privación, el hambre y las plagas hasta que se sometan a las leyes de los Illuminati.
• Favorecer el hedonismo y la búsqueda continuada de placer.
• Destruir el pensamiento libre, creando un estado de opinión favorable a los Illuminati.
• Conseguir el control del mundo por medios indirectos, socavando los cimientos de la libertad auténtica, la justicia, el sistema electoral, la prensa y sobre todo, la educación y la cultura.
• Sembrar por todas partes la discordia, los conflictos y la hostilidad para amenazar a los paises y neutralizar su resistencia.
• Los presidentes de los Estados se elegirán entre los siervos de los IIluminati y todos tendrán un pasado dudoso para que sean ejecutores fieles de las directrices impuestas.
• El presidente tendrá la capacidad de declarar el estado de guerra dando el control de las fuerzas armadas a los Illuminati.
• Provocar crisis económicas mediante la retirada repentina de divisas en los mercados causando la ruina de las naciones «no iluminadas».
Al final del texto, bautizado con el nombre del Nuevo Testamento de Satanás, dice: «Todas estas medidas obligarán a los pueblos a entregar el control mundial a la sociedad de los Illuminati. El nuevo gobierno mundial aparecerá como patrón y benefactor de las naciones que se someterán voluntariamente. Si un Estado se opusiese, entonces sus vecinos le declararán la guerra. Si los Estados vecinos quisieran aliarse, habrá que desencadenar una guerra mundial».
(Ampliar Objetivos de los Illuminati)


Fuente Consultada: El Gran Complot Cien Años de Poder en la Sombra Robert Goodman

LOS ILLUMINATI

Origen de los Illuminati
En la segunda mitad del siglo XVIII, la población de la región de Baviera (Alemania) era de mayoría católica y contaba con una aristocracia ampliamente asentada. La ciudad de Ingolstadt, donde residía Weishaupt (imagen) , está ubicada en las orillas del Danubio, a unos setenta kilómetros al norte de Munich. Por entonces, Baviera contaba con más de 25.000 iglesias para 40.000 habitantes, además de 19 conventos y monasterios. En este escenario, el poder de los jesuitas era evidente en todos los lugares y Baviera era un opositor radical a la Reforma. A pesar de este talante religioso, Weishaupt afirmó que el ateísmo, la apostasía y el deísmo eran más frecuentes en Baviera que en cualquier otro lugar.

Influencia Jesuita

Weishaupt empezó a formar los Illuminati de Baviera cuando era profesor de derecho canónico en la universidad de Ingolstadt. Por entonces estudiaba para hacerse sacerdote jesuita. Sin embargo, cuando en 1773, el papa Clemente XIV prohibió los Illuminati, su disgusto le llevó a romper con la Iglesia católica. Sin embargo, no declinó su interés por la teología jesuita. Otra influencia importante en su vida fue la del mercader Kolmer. Algunos investigadores, como Jim Marrs, sostienen que, en su trayecto a Francia y Alemania, hacia 1770-73, Kolmer se encontró con Cagliostro en la isla de Malta, antigua sede de los caballeros templarios.
Al parecer, Cagliostro, el futuro revolucionario francés, se involucró entonces en actividades masónicas, así como también lo hicieron Giovanni Giacomo Casanova (el eterno amante veneciano) y el enigmático conde de Saint-Germain. Habría sido Kolmer quien, en Alemania, transmitiera sus conocimientos secretos a Weishaupt, quien empleó muchos años en trabajar para consolidar los distintos sistemas ocultos en su sociedad secreta, los Illuminati. Marrs argumenta que la adopción del calendario persa por los Illummati de Baviera evidencia su respeto por los antiguos misterios de Mesopotamia.
El estudio profundo de los secretos de Kolmer y del conocimiento que poseía de los jesuitas fueron la base para que Weishaupt estableciera una estructura piramidal para sus iniciados, situando a personas claves dentro de los nueve grados superiores. Para sus compañeros de los Illuminati, Weishaupt era conocido por su nombre de iniciación, Espartaco, en memoria del esclavo que lideró la famosa revuelta contra los romanos en el año 73. Según Paul H. Koch, autor del libro iluminati, Weishaupt se veía a sí mismo como un nuevo héroe rebelde en contra del orden establecido, tanto en el ámbito material como espiritual..., una especie de Lucifer humanizado.
Por otra parte, Jim Marrs sostiene que Weishaupt estudió las enseñanzas del líder de los Hassasins (los Asesinos), una sanguinaria secta musulmana contemporánea de las cruzadas en Tierra Santa, que recibió este nombre porque, antes de sus hazañas, los miembros solían consumir hasish (hachís) para iluminarse. Probablemente, por esta razón, el mismo Weíshaupt consumía este narcótico para alcanzar la «iluminación» durante los rituales de la orden.
En total, el llamado Rito de los iluminados de Baviera contaba con trece grados de iniciación. A saber: 1) Preparatorio; 2) Novicio; 3) Minerval; 4) Iluminado menor; 5) Aprendiz; 6) Compañero; 7) Maestro; 8) Iluminado mayor; 9) Iluminado dirigente; 10) Sacerdote; 11) Regente; 12) Mago; 13) Rey. Si un miembro llegaba al grado de sacerdote podía asumir los poderes del Estado y debía actuar en consecuencia.
Hoy es ampliamente aceptado que el sistema interno de los Illuminati de Baviera, copiaba las técnicas jesuíticas de espiar a otros miembros para probarlos y conocer sus debilidades. Denunciarse unos a otros era también otra técnica para asegurarse de que nadie del último escalafón de la orden trabajaría en contra de los demás. En muy poco tiempo, Weishaupt reclutó para su sociedad secreta, a las mejores cabezas de las finanzas, la industria, la educación y la literatura.
Utilizó el soborno y el sexo para controlar a los que iban alcanzando posiciones superiores; posteriormente, el chantaje le garantizaba el mantenimiento de este control. En esta etapa, los Illuminati empiezan a utilizar a sus adeptos (los iniciados de grados superiores) como consejeros de políticos, pero siempre desde una posición discreta sin salir de su anonimato. De esta manera, las medidas adoptadas por aquellos beneficiaban a los Illuminati, que pretendían erradicar las condiciones sociales que fueran un obstáculo para conducir a los hombres hacia lo que consideraban su estado natural y de felicidad. Este «sueño» significaba eliminar a las monarquías y a la Iglesia, por lo tanto la orden pronto tuvo enemigos muy poderosos.
Infiltraciones, expansión y ocaso de los Illuminati en Alemania: El «Nuevo Testamento de Satanás», que se trata en el capítulo 6, es un calco de la ideología de los Illuminati, cuyo gran objetivo era y signe siendo crear un Nuevo Orden Mundial. Este plan exigía que el grupo se expandiera haciendo ostensible su presencia en otros lugares. Enjulio de 1782, varias logias masónicas se reunieron con un grupo dirigente de los Illuminati en el convento de Wilhelmsbad. Weishaupt, considerado su conocimiento y prestigio, aprovechó la ocasión para unificar y controlar todas las ramas europeas de la organización masónica. Hay que decir que sólo obtuvo un éxito parcial, ya que ni la Gran Logia de Inglaterra, ni el Gran Oriente de Francia, ni los teósofos del sueco Emmanuel Swedenborg le apoyaron.
Frustrado por este resultado, uno de los seguidores más fieles de Weishaupt, el barón Von Knigge, dimitió, retirándose a Bremen, donde murió en 1796. El fundador de los Illuminati se sentía entre la espada y la pared; por una parte estaba acosado por los masones ingleses y por la otra, tuvo que soportar la traición de un tal Joseph Utzschneider, que, después de salirse de los Illuminati, envió un documento a la gran duquesa Maria Anna de Baviera, advirtiéndola de que los Illuminati eran responsables de organizar una conspiración, con el fin de extinguir el cristianismo y las monarquías europeas.
El resultado de esta grave denuncia fue que, en 1784, el elector de Baviera, el duque Karl Theodor Dalberg prohibió el establecimiento de cualquier sociedad, fraternidad o grupo secreto no autorizado. La situación se hizo tan delicada que, en palabras de Paul Koch, en su libro Illutninati:
Poco después, Weishaupt fue destituido de su cátedra y desterrado, aunque encontró refugio en la corte de uno de sus adeptos, el duque de Saxe, que le nombró consejero oficial y le encargó la educación de su hijo. El resto de los dirigentes de la orden se puso a salvo, refugiándose en la actividad de las logias masónicas europeas y americanas, antes de que, en mayo de 1785, comenzaran las persecuciones, detenciones y torturas de los miembros inferiores de la organización.
Enjulio del mismo annus horribilis, Weishaupt sufrió un serio revés del destino. Durante la noche de 10 de julio de 1785, el abad Lanz, enviado de Weishaupt, fue alcanzado por un rayo mientras galopaba en medio de una tormenta. Fue la gente del lugar quien encontró el cadáver y lo condujo a una capilla. Entre sus ropas encontraron documentos muy comprometedores para los Illuminati, como
«El Nuevo Testamento de Satanás». Debido a este golpe de mala suerte, su conspiración a escala mundial se hizo pública, lo cual vino a marcar a esta sociedad secreta con un tinte de malditismo.
Al publicar los documentos de los Illuminati, el emperador Francisco de Austria supo que todas las monarquías estaban en el punto de mira y, especialmente, la francesa, encabezada por Luis XVI y su hija Maria Antonieta. Con el destieff0 de Weishaupt y la disolución de la orden, tanto Francisco de Austria como los reyes de Francia se sintieron a salvo, aunque la realidad era bien distinta.


Alianza con los Saboteos

En ese mismo año crítico de 1785, los Illuminati, supuestamente desde la clandestinidad, tuvieron una reunión con los saboteos, creando una alianza que demostraría tener una influencia decisiva en la política mundial desde entonces hasta la actualidad. Pero ¿quiénes eran los saboteos? Este movimiento fue fundado a raíz de las enseñanzas del místico y Mesías judío, Shabbatai Zevi (1626-1676), nacido en la ciudad turca de Izmir (o Esmirna). El primer maestro de Shabbatai fue Isaac di Alba con quien estudió la cábala desde 1650. Seis años después, Shabbatai continuó sus estudios con R. Joseph Eskhapa, uno de los mejores cabalistas de entonces.
Es muy probable que éste concediera a su alumno el título de hakham (sabio). Ya antes de 1648, Shabbatal había hecho gala de un comportamiento extraño por lo que se refiere a su desprecio de algunas leyes religiosas y a su proclamación como «Mesías». Tras ser expulsado de Izmir, viajó por Grecia, Tracia, Palestina y Egipto, entre 1651 y 1654. En 1665 conoció a Nathan de Gaza que le confirmó como Mesías, dando lugar a su proclamación oficial el 18 de junio de 1666, año que fue designado como el primero del milenio del Mesías Prometido. Pronto fue reconocido en Palestina y entre los países de la diáspora. Es importante decir que todo el mundo judío de 1665-1666 creyó que Shabbatai no era un mero profeta o maestro sino un Mesías y una encarnación de Dios.


Fuente Consultada: El Gran Complot Cien Años de Poder en la Sombra Robert Goodman